Laberinto
He encontrado algo que escribí hace más de 10 años, inaguro pues la sección abandon, donde iré poniendo aquello que encuentre y merezca la pena. Aunque me entren ganas no cambiaré nada y lo dejaré en su estado original...
LABERINTO
Cuando es tarde me gusta caminar por el laberinto de mi entendimiento, cada paso que das te sume en la ambigüedad, no sabes si estas más cerca o más lejos de la salida. Lo recorres angustiado, pero a la vez esperanzado. Cada vez voy conociendo mejor los peligros y engaños que en él se esconden pero la inseguridad nunca se desvanece. Es un laberinto cambiante, frío, de paredes húmedas y altas que no te dejan ver más allá de donde estás. Los riesgos vienen de la mano de la prisa, pero nunca fui paciente. Nunca me gustó esperar, el ímpetu ha marcado desde siempre todas mis acciones.
La soledad que lo recorre me pone en alerta, las buenas intenciones no sirven para nada cuando sobre tu propia supervivencia discutes.
En las paredes del laberinto veo los esbozos de unas caras conocidas ya, el recuerdo de algunas invita a compadecerse, el recuerdo de otras incita a caminar sin miedo, pero la duda se cierne sobre mi semblante al contemplar rostros que no alcanzo interpretar, no sé bien que es lo que codician de mí, no sé que imaginan... si sólo contemplan, si son clementes o inicuos. Estos nuevos rostros me desorientan, son como vestigios distorsionados del camino a seguir.
En esta lucha no hay vencedores ni vencidos, sólo vivos y muertos, no quiero ser la víctima de mis propios desasosiegos pero sé que sin riesgos no llegaré a buen término.
Desde siempre me guié con la ayuda de aquellos rostros generosos que no me hacían desconfiar sobre el camino elegido, pero llegó el momento de las apuestas arriesgadas. Una nueva senda se abre ante mí. Me pongo en las manos del rostro impreciso que mayor confianza me inspiró y comienzo a andar, atento a todos los eventos que ornamentan el recorrido.
Todo marcha bien, el fruto de los árboles que nacen en la vereda se percibe a cada paso más apetecible y sabroso. Los obstáculos se suavizan y poco a poco el rostro se va precisando en las paredes de mi laberinto, mostrándose cálido y amigo. Lo que fuera un camino impreciso se convierte en tangible y estable. Los pasos son firmes y aunque alguno se clava en lodazales inesperados el siguiente lo esquiva ágilmente para seguir avanzando.
Pero ya son muchos los caminos recorridos sin ver el rostro y me pregunto si seguiré estando sobre el bueno, si no me estaré alejando de aquella prosperidad que me guiaba ciegamente hacia donde debía ir. Dudo, a veces sin motivo, no sé si debo parar hasta que reaparezca o seguir caminando, si debo ponerme en movimiento para encontrarlo de nuevo o esperar a que me recoja. Llevo parado algún tiempo, me siento perdido, no veo mi estrella del cielo norte... Me cobijo en un claro del camino, pero las inseguridades me encuentran, vuelvo a sentir frío y estoy desnudo... voy perdiendo la fuerza, me debilito...
Es el momento de averiguar si debo prescindir de los rostros para andar mi propio camino, ¿es el momento de dejar de ser como era?, es el momento de cambiar... ¿no me negaré a mí mismo?
La soledad que lo recorre me pone en alerta, las buenas intenciones no sirven para nada cuando sobre tu propia supervivencia discutes.
En las paredes del laberinto veo los esbozos de unas caras conocidas ya, el recuerdo de algunas invita a compadecerse, el recuerdo de otras incita a caminar sin miedo, pero la duda se cierne sobre mi semblante al contemplar rostros que no alcanzo interpretar, no sé bien que es lo que codician de mí, no sé que imaginan... si sólo contemplan, si son clementes o inicuos. Estos nuevos rostros me desorientan, son como vestigios distorsionados del camino a seguir.
En esta lucha no hay vencedores ni vencidos, sólo vivos y muertos, no quiero ser la víctima de mis propios desasosiegos pero sé que sin riesgos no llegaré a buen término.
Desde siempre me guié con la ayuda de aquellos rostros generosos que no me hacían desconfiar sobre el camino elegido, pero llegó el momento de las apuestas arriesgadas. Una nueva senda se abre ante mí. Me pongo en las manos del rostro impreciso que mayor confianza me inspiró y comienzo a andar, atento a todos los eventos que ornamentan el recorrido.
Todo marcha bien, el fruto de los árboles que nacen en la vereda se percibe a cada paso más apetecible y sabroso. Los obstáculos se suavizan y poco a poco el rostro se va precisando en las paredes de mi laberinto, mostrándose cálido y amigo. Lo que fuera un camino impreciso se convierte en tangible y estable. Los pasos son firmes y aunque alguno se clava en lodazales inesperados el siguiente lo esquiva ágilmente para seguir avanzando.
Pero ya son muchos los caminos recorridos sin ver el rostro y me pregunto si seguiré estando sobre el bueno, si no me estaré alejando de aquella prosperidad que me guiaba ciegamente hacia donde debía ir. Dudo, a veces sin motivo, no sé si debo parar hasta que reaparezca o seguir caminando, si debo ponerme en movimiento para encontrarlo de nuevo o esperar a que me recoja. Llevo parado algún tiempo, me siento perdido, no veo mi estrella del cielo norte... Me cobijo en un claro del camino, pero las inseguridades me encuentran, vuelvo a sentir frío y estoy desnudo... voy perdiendo la fuerza, me debilito...
Es el momento de averiguar si debo prescindir de los rostros para andar mi propio camino, ¿es el momento de dejar de ser como era?, es el momento de cambiar... ¿no me negaré a mí mismo?
2 comentarios:
"Nunca me gustó esperar, el ímpetu ha marcado desde siempre todas mis acciones."
Eso me suena de algo... Bueno, no tienes excusa para escribir algo en el próximo tam-tam ;)
Pues ya le prometí a Camacho que escribiría algo para el próximo número, ahora sólo falta que lo saquéis...
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